Cómo investigar la historia de tu casa y de tu pueblo
Dónde buscar quién vivió en tu casa, cómo ver tu pueblo en fotos aéreas de 1956, qué dice el Catastro de Ensenada y cómo guardar lo que recuerdan los mayores.
8 minutos de lectura
Toda casa vieja tiene preguntas: quién puso esa viga, por qué hay una puerta tapiada, a quién le dio por pintar la cocina de ese color. Y todo pueblo tiene su historia, que casi nunca está en los libros. Lo curioso es que hoy se puede averiguar mucho sin ser historiador y, a menudo, sin salir de casa.
Esta guía va de lo más fácil a lo más difícil. Empieza por el principio, porque lo que encuentres en cada paso te dirá dónde mirar en el siguiente.
Paso 1: pregunta a quien todavía se acuerda
Parece lo más obvio, y es lo primero que se pierde. Ningún archivo te dirá que el abuelo tenía la cuadra en lo que ahora es el salón, ni qué mote tenía la familia de enfrente. Y nadie te lo contará cuando ya no estén.
Siéntate con la gente mayor de la familia y del pueblo. Algunos consejos que funcionan:
- Lleva fotos. Una foto antigua abre más la memoria que cualquier pregunta.
- Pasea con ellos. Caminar por la calle y preguntar «¿y aquí qué había?» da para horas.
- Pregunta por cosas concretas: ¿Dónde estaba la escuela? ¿Quién tenía la primera tele? ¿Qué se hacía el día de la fiesta? ¿Dónde se lavaba la ropa?
- Grábalo, con permiso. Un simple audio de móvil ya es un documento. Dentro de veinte años, oír esa voz valdrá más que lo que diga.
- Anota los nombres y las fechas, pero sin obsesionarte: las memorias se equivocan, y eso se comprueba después.
Paso 2: lo que dice el Catastro y el Registro
Empieza por lo oficial y gratis. En la Sede Electrónica del Catastro puedes ver el año de construcción que consta para el inmueble, su superficie y la forma de la parcela. Toma ese año con pinzas: en casas antiguas puede ser una estimación o la fecha de la última gran reforma. Si quieres saber más sobre esto, tenemos una guía del Catastro.
El Registro de la Propiedad es más revelador. Puedes pedir una nota simple, un documento informativo que cuesta pocos euros y se solicita online en la web de los Registradores. Te dirá quién es hoy el titular y qué cargas tiene. Si quieres ir hacia atrás, puedes pedir el historial de la finca en el Registro que le corresponda, donde aparecerán sus sucesivas ventas y herencias, al menos desde que se inscribió. Ten en cuenta que muchas casas de pueblo nunca se inscribieron, o lo hicieron tarde, de modo que la pista puede acabar pronto.
En casa también hay papeles: escrituras antiguas, testamentos, contratos de compraventa. Las escrituras suelen decir de quién se compró, y a quién le vino de quién, y describen la casa con los nombres de sus vecinos: «linda al norte con casa de Fulano». Con eso se puede ir tirando del hilo hacia atrás.
Paso 3: tu pueblo visto desde el aire en 1956
Esta es probablemente la parte más emocionante, y está al alcance de un clic. El Instituto Geográfico Nacional tiene una Fototeca Digital con vuelos históricos, y tanto su visor Iberpix como las herramientas de muchas comunidades autónomas te permiten comparar el mismo lugar en distintas épocas.
Las joyas son:
- El vuelo americano de 1956-57. Aviones de Estados Unidos fotografiaron toda España, a raíz de los acuerdos entre los dos países. Hay una serie anterior, de 1945-46, que cubre parte del territorio.
- El vuelo interministerial de 1973-86, que ya muestra el cambio del campo tras el éxodo rural.
- Las ortofotos del PNOA, desde principios de los 2000 y actualizadas cada pocos años. Se comparan muy bien con las antiguas.
Busca tu pueblo en esas fotos y fíjate en qué ha cambiado: dónde acababan las casas, qué huertas había en lo que hoy es un barrio, por dónde pasaba el camino, qué bosque creció donde antes había cereal. Es muy habitual llevarse una sorpresa con cuánto monte ha aparecido en los últimos setenta años, porque se ha dejado de cultivar. Para muchas familias, ver la casa del abuelo con su era al lado en una foto de 1956 es un momento emotivo.
También vale mirar mapas antiguos. En la web del IGN puedes consultar las primeras ediciones del Mapa Topográfico y, en ocasiones, las minutas cartográficas de finales del siglo XIX, dibujadas a mano y con nombres de parajes que ya no usa nadie. Si te interesa saber cómo se hicieron, lo contamos en cómo se hacen los mapas.
Paso 4: cuando Ensenada preguntó por tu pueblo
Si tu pueblo estaba en la Corona de Castilla, tienes una fuente alucinante. Entre 1749 y mediados de la década siguiente, el Catastro de Ensenada preguntó a cada localidad 40 cuestiones sobre su vida: cuántas casas había, cuántos vecinos, qué se cultivaba, qué oficios existían y cuánto ganaban, qué molinos, qué tabernas, cuánto valía cada cosa.
Las Respuestas Generales se pueden consultar digitalizadas en el portal PARES, del Ministerio de Cultura, en la sección dedicada al Catastro. Se buscan por provincia y localidad. La letra puede costar al principio, y hay palabras que han cambiado, pero con un poco de paciencia se lee. Es difícil explicar lo que se siente al leer lo que contestaron los vecinos de tu pueblo hace casi 280 años: cuántos colmeneros había, si había un maestro, si pagaban algo al señor.
Los libros más detallados de cada vecino, los llamados libros de lo personal y de lo real, suelen estar en los Archivos Históricos Provinciales. Allí puede salir hasta la casa concreta de un antepasado, descrita con sus medidas.
Paso 5: los archivos, donde está lo bueno
A partir de aquí toca moverse o escribir correos. Merece la pena llamar antes de ir, porque muchos archivos pequeños abren pocas horas y a veces hay que pedir cita.
| Dónde | Qué puedes encontrar |
|---|---|
| Archivo municipal | Padrones de vecinos, licencias de obra, actas del pleno, planos de alineación de calles |
| Archivo Histórico Provincial | Protocolos notariales con compraventas, dotes y testamentos con más de cien años, además del Catastro de Ensenada |
| Archivo parroquial o diocesano | Bautismos, matrimonios y defunciones, a menudo desde hace siglos |
| Registro Civil | Nacimientos, matrimonios y defunciones desde 1871 |
| Hemeroteca Digital de la BNE | Periódicos antiguos que quizá hablen de tu pueblo: es gratis y online |
| Archivo de la Real Chancillería o similares | Pleitos: si tu pueblo se peleó con otro por un monte, es probable que quede rastro |
Los padrones municipales son muy reveladores: dicen quién vivía en cada casa de cada calle, con su edad y su oficio. Comparar uno de 1900 con otro de 1950 da una imagen clarísima de cómo cambió el pueblo. Y los protocolos notariales son una mina, porque la gente iba al notario por casi todo: ventas, deudas, herencias, contratos de aprendiz. Están ordenados por notario y por fecha, así que conviene saber más o menos cuándo buscas.
Paso 6: mira la propia casa
Los edificios también son documentos, si sabes mirarlos:
- Fechas e inscripciones en dinteles, vigas y fachadas. Muchas casas llevan el año de construcción grabado sobre la puerta.
- Puertas y ventanas tapiadas: en la fachada se suelen notar los cambios de uso.
- Materiales distintos: un cambio de piedra, de ladrillo o de altura suele indicar una ampliación.
- Suelos y techos: las baldosas hidráulicas, los enlucidos o las vigas de madera pueden ayudar a datar una reforma.
- Lo que hay en el desván y detrás de los muebles: papeles, periódicos usados como aislante o aperos que te cuentan a qué se dedicaba la familia.
Si encuentras algo curioso, un arquitecto técnico o algún aficionado a la historia local te puede ayudar a interpretarlo. En casi todos los pueblos hay alguien que ya ha investigado: el cronista oficial, un maestro jubilado o un grupo de amigos de la historia. Empieza por ellos, porque te ahorrarán mucho trabajo.
Cómo ordenar todo lo que encuentres
La investigación se vuelve un caos muy rápido. Tres hábitos ahorran mucho tiempo:
- Apunta la fuente de cada dato. «Lo dijo mi tía» o «padrón de 1924, folio 12». Dentro de un año no lo recordarás, y querrás comprobarlo.
- Haz una línea del tiempo. Una simple tabla con fechas y hechos ayuda a ver los huecos.
- Escanea y comparte. Una foto en un cajón se pierde con la primera mudanza. Escanéala, ponle quién sale y cuándo, y guárdala en más de un sitio. Una copia en la nube y otra en un disco duro ya es mucho.
Qué hacer con ello
No hace falta escribir un libro. Lo bonito es compartirlo de alguna forma: una carpeta para la familia, un documento con fotos para la próxima reunión, una exposición en el bar durante las fiestas o un grupo de Facebook con las fotos antiguas, donde lo mejor son los comentarios de quienes se reconocen en ellas. Algunos ayuntamientos y bibliotecas agradecen copias de todo lo que encuentras, y puedes aportar los nombres de parajes a OpenStreetMap para que no se olviden.
Lo que descubras te cambiará la forma de ver el pueblo. Al pasar por delante de esa casa ya no verás una fachada, sino a la gente que vivió allí, y quizá te des cuenta de que esa es la razón por la que cuesta tanto irse del todo. De eso va nuestro artículo sobre la nostalgia del pueblo.